Muchas veces he estado frente al mar, de niño crecí frente el, su orilla estaba a tan solo 20 metros de la casa de mis abuelos, siempre amplio, siempre inmenso, siempre viéndolo y sintiéndolo cerca, muchas veces observándolo, otras jugando con el, otras muchas caminando por la orilla escuchaba su lenguaje, veía como cada ola era en sí diferente, cada ola era en sí un lenguaje, una manera distinta de decirnos lo vasto, lo inmenso que es todo, solo depende que es lo que queramos ver, así después de mucho caminar, pude comprender que no era, un solo mar el que besaba las orillas, eran muchos los mares los que besaban aquella orilla, había aquel mar tranquilo que lleno de paz, contagiaba mi alma, había aquel otro, lleno de moviendo, que era reflejo de lo tormentoso del alma humana, aquel otro que llenaba de esperanza la vida; todos ellos allí frente a mi, frente a todos, como reflejo del alma humana que nos lleva a descubrir la vastedad de todos esos sentimientos que habitan en el ser humano, será verdad pues que solo podemos descubrir el amor, si solo lo tenemos dentro de nosotros, será pues que si solo vemos penumbra, es ella quien habita dentro de nosotros, será pues que nos identificamos con lo externo, según lo interno se manifieste.
De las brisas nocturnas aprendí que después de aquellas olas grandes, destructivas que golpean todo a su paso, siempre olas tranquilas nacen de lo profundo, olas que llevan la tormenta y dejan la esperanza, por eso amada Karol, si el mar de las tormentas nos llevo por caminos no deseados por mi, solo deseo que ese mismo mar, nos lleve a lugares donde la paz y la esperanza sean nuestro horizonte…
Como siempre, siempre estás en mi corazón y mi alma.
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