Todos algunas vez, hemos vivido y sentido la emoción de rozar los labios de una persona amada, una emoción de ternura, una emoción de pasión, seguro unidas todas ellas, llenaron nuestro espíritu, haciéndonos vivir y conocer ese fuego interior, muchas veces oculto que llevamos dentro.
Labios que se rozan por diversas circunstancias, padres que besan a sus hijos, hijos que hacen lo propio con sus padres, hermanos que se despiden o se dicen hola, amigos, parejas que caminan por la calle y sin que medie siquiera una razón, rozan sus labios una y otra vez.
Sin duda algo que nos acerca a aquello que nos hace grandes, el dar amor; así también un mano que apoya a otra, una mano que sujeta a otra, una mano que enseña, una mano que estrecha a otra; si un roce de labios nos hace conocer el fuego interior, una mano que estrecha a otra, nos hace conocer humildemente nuestras limitaciones, nos dice que hay cosas que no podemos hacer, que siempre necesitamos de alguien alguna vez, de niños para cruzar una avenida, de ancianos lo mismo, así mientras un roce de labios nos lleva a nuestro mundo desconocido, unas manos que se estrechan nos enseña, a confiar en los otros, a decirles que aquí estamos siempre para apoyarnos, para estrecharnos, para ayudarnos.
Una pareja caminaba por una noche fría, de pronto se detuvieron frente a una avenida, conversaron con las manos juntas por largo tiempo, tanto que sin darse cuenta se hizo casi de día, aquella noche ambos aprendieron que si los besos los unieron por primera vez, sus manos unidas, les decían que podían andar no solo muchas noches juntas, sino tal vez podían unir sus vidas, así hoy día te digo, que mis manos vacías están aquí siempre para ti, para enfrentar a fantasmas y dragones, o tan solo para cuidar tu sueño, siempre abiertas para ti.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario