Hay días que son diferentes a otros y no sé por qué, días que comienzan grises y terminan de color arco iris, días que al despertar son brillantes y a medida que transcurren las horas, van perdiendo su brillo, días que sin saber cómo se transforman en alegres o tristes, días que son como canciones para el alma y días donde ni la paz sacra, nos aquieta el espíritu.
Hay días donde una canción me lleva a ti, otros donde una sonrisa te trae a mí, días donde una brisa trae un recuerdo y donde mi alma encuentra esa paz tan esquiva, donde mi mente encuentra quietud y también hay días donde esa quietud se convierte en remolinos de angustia, hay pues días y días.
Al anochecer cuando recapitulo mi día, mi espíritu me dice si el día fue un arco iris o no lo fue, si lo fue de seguro mi espíritu descansará en paz, si no lo fue, sin duda no habrá descanso, cuando lo pienso me doy cuenta que no cuenta tanto las grandes alegrías tanto como las pequeñas, que siempre ocurren, que siempre están presentes, a cada paso y momentos de nuestra existencia, o acaso si un niño disfruta un refresco, nuestro corazón no lo disfruta también.
Mis pequeñas alegrías están así, esparcidas en el día, en el tiempo, una tras otra hacen llevadera mi vida, mis pequeñas alegrías se dan si un niño dice que un sándwich está delicioso o si escucho una voz querida.
Mis pequeñas alegrías también me llevan a ti, a tus manos, a tu sonrisa, a tu mirada, a tu voz, mis pequeñas alegrías también me dicen lo que mi corazón sabe de siempre y es que te ama.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario